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Sobrevivir en la penuria, el drama humano tras las cifras de pobreza

Avelino Largo (49) llegó desde el Chaco al barrio Malvinas, en la periferia platense, a principios del siglo XXI, imaginando una vida mejor para él y su familia. Hoy sobrevive haciendo changas de albañilería cada vez más esporádicas y enviando a sus cinco hijos y sus dos nietos a uno de los comedores que funcionan en el barrio.

Por Redacción

Segun el INDEC, uno de cada tres argentinos es pobre y el 6,7% es indigente. La situación en los barrios de La Plata

Por

OMAR GIMENEZ

Cuando llegó del Chaco al barrio Malvinas, huyendo de la falta de oportunidades e imaginándose un futuro mejor, la familia era más chica y la ilusión más grande. Pero eso pasó hace mucho. Hoy Avelino Largo (49) encara cada uno de sus días con el más modesto de los propósitos: conseguir que los 2.000 pesos que, en el mejor de los casos, gana por mes haciendo changas de albañilería le alcancen para alimentar a los cinco hijos y los dos nietos que viven (“todos amontonados”, dice) en su precaria casilla de madera.

“En el barrio había siete ranchitos cuando yo me instalé. Hoy son un montón. Y todos los días aparece uno nuevo”, dice Avelino y lo mismo afirman desde la fundación Bases para Pensar, una de las ONG que trabajan en esa zona de la periferia platense.

Historias como la de Avelino aparecen por miles detrás de las cifras de pobreza e indigencia que, dadas a conocer en la última semana, impactaron profundamente a la sociedad. Según el INDEC, uno cada tres argentinos es pobre (32,2%, lo que equivale a un total de 8.772.000 personas), mientras que la indigencia alcanza al 6,3% de la población (1.705.000 habitantes). Otro de los datos alarmantes es que 1 de cada dos chicos argentinos está bajo la línea de pobreza (47,4%).

La difusión de cifras sobre pobreza e indigencia (que no se daban a conocer desde hace tres años) abrió una serie de debates, relacionados con el grado de responsabilidad de los diferentes gobiernos, con la metodología de la medición y con las medidas necesarias para contrarrestar ambos flagelos , entre otros tópicos.

Mientras estos debates continúan, representantes de ONGs que trabajan en barrios vulnerables de La Plata y familias que los habitan describen un escenario cotidiano signado por profundas carencias, por la necesidad de vivir al día resolviendo la emergencia y por la falta de oportunidades.

Desde las entidades que trabajan en los barrios se habla de un fenómeno de aristas diversas en el que el ingreso familiar y su relación con el costo de la canasta básica -las variables que se tomaron en cuenta para obtener las cifras difundidas las última semana- es un elemento más dentro de un cóctel más complejo. En esa combinación se enuncian problemas crónicos como la falta de servicios escenciales de infraestructura y viviendas dignas; las dificultades para el acceso a la salud; los altos índices de deserción en las escuelas; las escasas salidas laborales y la falta de proyecto entre los jóvenes que les permitan salir de la espiral de la pobreza (Según un reciente estudio del Banco Mundial, uno de cada cinco jóvenes argentinos no estudia ni trabaja).

En los comedores barriales y las instituciones que colaboran con ellos se menciona un incremento de la demanda de comida -que ubican en lapsos que van de los últimos cinco años a los últimos meses- y una situación similar se vive con la ropa en los roperos comunitarios. También aluden a un crecimiento del “cirujeo”ante la falta de trabajo y de cambios en el perfil de las personas en situación de calle (ver aparte).

Desde la ONG Iniciativa Comunitaria, el dirigente Pablo Pérez relató que en el ropero comunitario con el que recorren distintos barrios, desde El Carmen, a La Bajada, en Tolosa, comenzaron a recibir otro tipo de demanda, como la de alimentos, leche o materiales de contrucción e indicaron que uno de los problemas principales que dispara estos cambios es “la falta de trabajo”.

En el Rotary Club de La Plata también se habla de un incremento en la demanada de comida en los comedores comunitarios con los que esa entidad colabora.

Una situación similar se describe en Los Hornos, donde en el plan Nutrir la Vida que brinda la entidad CONIN La Plata para mujeres con hijos con problemas de bajo peso y desnutrición -la mayoría derivada desde hospitales,unidades sanitarias y escuelas- registraron un crecimiento de orden del 40% en la demanda espontánea.

Según los datos manejados por esa entidad, hasta un 90% de los chicos con problemas de nutrición que ingresan al programa registran baja talla para su edad, un rasgo vinculado a la pobreza estructural. Pero hay más. La mayoría de los hogares de los que esos chicos provienen se caracterizan por alimentarse con una dieta con bajo contenido de proteínas y exceso de farináceos. También registran severos problemas edilicios, de infraestructura, de higiene y de hacinamiento. A esto se suman situaciones frecuentes de violencia doméstica.

Desde el Centro Educativo Integral “Camino a la Casita”, una ONG del barrio Altos de San Lorenzo, su titular, Raúl Kasiztky, hace hincapié en el aspecto educativo: “el rasgo más preocupante asociado a la pobreza estructural, a nuestro criterio, es el analfabetismo. Acá recibimos a chicos de entre 9 y 16 años que no saben leer. Y si leen no comprenden qué están leyendo. Esto es muy preocupante, porque para los sectores postergados no hay casi oportunidades. Pero lo peor es que. cuando las hay, no están preparados para aprovecharlas”.

Mientras tanto, fuentes de la Dirección de Desarrollo Social de la Municipalidad de La Plata informaron que trabajan en un plan de asistencia para los sectores más vulnerables que “consiste inicialmente en la realización de un estudio socio ambiental y la posterior evaluación de los pasos a seguir con el grupo familiar que solicite la asistencia”.

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